jueves, 27 de septiembre de 2007

Y podré darle un final, puedes terminar para siempre.

Tu sangre caía y manchaba las baldosas del baño. Yo miraba incrédula. Te gritaba, pero eran gritos sin voz, pues tú, no me escuchabas, seguias maniaticamente el curso del rojizo líquido que nacía de ti. Te calmaba. Y yo, me desesperaba al no ser escuchada. Tome tu mano con violencia y la coloqué bajo el chorro del agua. La sangre se diluía y tú volvías a la vida racional. Lloraste, lloré, me abrazaste y te apreté fuerte contra mi cuerpo, quise hacerte sentir protegida. No hice preguntas, no me diste las explicaciones que acostumbrabas a dar, sólo, me prometías entre lágrimas que no lo volverías a hacer. Tu sangre manchaba mi camisa, tú marcabas mi alma. Estabas ahi, pero por unos instantes no fuiste tú. Decidí dejarte ir, pero no pude dejar tantas cosas así como así. T e traje de vuelta al tiempo. Me trajiste de vuelta a la vida.
Siempre estaré contigo, prometí euforica y sin más palabras que dedicarte. No cumplí mi promesa, tu sangre me hizo acercarme y lo que llevabas en ella me hizo alejarme. Te tranquilizaba ver como te disolvías de a poco, como abandonabas todo lo que habías construido, te encantaba dejarme a través de gotas.
No sé que te trajo a la vida, no sé que te hizo volver. Dímelo, para así detener mi desvanecimiento progresivo, también, a través de gotas, pero gotas provenientes de la angustia; lágrimas, mi única forma permitida de expresión.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Déjame ser. No quiero estar.

Ella era una pequeña niña con muchas obligaciones. Tenía muchas responsabilidades y muchas expectativas que cumplir.
Tenía una pequeña nariz, que se juntaba con otras narices. Aquellas otras narices eran parte de su mundo encogido. Si se las cuenta, las narices con las que le agradaba estar eran pocas, pero afortunadamente, las grandes narices con las que le disgutaba estar eran menos.
Un día su nariz, despertó, tomo el aire y se dió cuenta que todo lo que vivía era una linda mentira que encaja perfectamente con la realidad.
Aquellos encuentros con las grandes narices de su encogido mundo eran falsos. Ella no podía aceptarlo. Debía tener una explicación. Nesitaba una explicación lógica y racional para aportarle realidad.
No, no. De un día para otro las cosas no pueden cambiar de manera tan radical, tan extrema. Debía ser un mal sueño.
Estaba sola en el gran mundo, la gigante y verdadera realidad. Aquella niña condujo a su nariz a través del espacio, anhelando una explicación. No estaba sola, ella se sentía sola pues todas las demás narices olvidaban darle algún sentido a su existencia, dejaban pasar los hechos sin más, sin encontrarle aquel dulce significado, aquel emotivo sentido. Todas, pasaban, no trascendian y se preocupaban por banalidades dañiñas, respiraban diariamente odio y exhalaban violencia. Sí, el aire estaba negro, contaminado en aquel espacio.
La pequeñita nariz quiso hacer una división, quiso poner dentro de su mundo encogido a todas ls narices que le agradaban, pero se entristeció, pues aquellas narices tampoco buscaban el sentido. Comprendió que en esa búsqueda estaría abandonada y que si no se fabricaba una burbuja impermeable, terminaría igual de oscura que las demás personas.
Ella quería iluminar, pero primero, debía encender su luz.

Aunque me cueste creerlo, eres parte de mi pequeño y encogido mundo. Del mundo que día a día participo, de la realidad que me acoge. Estoy aquí, en un espacio de fingido bienestar. Y soy racional, detallista y estoy ávida de conocimientos. Y sabes, quiero saberlo todo, inclusive lo que pasa por tu mente. Quizas no me corresponde, quizas eso puede ser violar tu privacidad, invadir tu propio mundo. Puede ser así, o también, puede ser correcto. Lo único que sé, es que aunque no te agrade, aunque no lo entiendas, necesito una explicación.
Sí, no te imaginas cuanto me gustaría ser una gran nariz, imponente, una nariz fuerte, me gustaría amarme más como tú dices.
Me gustaría aceptar y convivir con mis defectos, tanto como me gustaría que tú también convivieras con ellos.
Me gustaría que me apoyaras y me comprendieras, y que a veces, con el dolor de tu alma me dejaras caer.
Sé que soy una niñita tonta, a quién le gusta tropezar muchas veces con la misma piedra y quedarse ahí mirando la herida, y dejar que aquella piedra me eche a perder el día. Sé que soy así.
Sé que inevitablemente me guardo las rabias y no respondo, no me defiendo, me dejo pasar a llevar.
Sé que me dejo dañar, sé que dejo que me hagan mierda.
Sabes que lo sé, y creo que me conoces bien. Dejame ser, dejame estar.
Dejame poner las caras que quiera, dejame llorar, dejame caer, dejame flotar y creer que todo es hermoso.
Dejame vivir mi vida y cuando sea necesario di lo que tengas que decir, pero dilo una sola vez, que con eso basta a mi entendimiento, quizas no lo comprenda, pues para comprenderlo tengo que darle sentido en mi vida.
Creo que sé llevar mi vida, mis sentimientos, y creo que aunque pienses que soy tonta a más no poder, soy feliz con esa estupidez que me envuelve.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Give me something to believe

Violeta caminaba errante por los pasillos, pensaba que nada le preocupaba más en este instante que el hecho de que su vida no trascendía, nada nuevo, ningún cambio aparente. Sí, esta mañana su peinado era diferente y ensayaba una sonrisa permanente que le daría más "sabor" a las conversaciones, miradas, saludos y demases.

Decidió añadir más emoción a su vida. No lo pensó dos veces y supo que la forma más entretenida y didáctica, era un problema.

Sí, un pequeño problema, algo para resolver, en lo que pudiera involucrar al menos a una persona. Sí, estaba decidido, avanzaría hasta encontrarse un problema, pero propio.


viernes, 14 de septiembre de 2007

Y esto, no es casualidad...

Bien, ¿Cuánto tiempo llevamos siendo amigos? ...
Como no soy muy buena para hacer calculos exactos, diré que son entre 2 años y medio y 3 años.
Dejame recordar. Creo que nos hicimos amigos por esas cosas del destino, tomabamos micro en el mismo paradero, igual, mirándolo desde afuera, fue raro que nos hablaramos, pues ambos eramos muy tímidos cuando nos conocimos. Luego, comenzaron las caminatas finitas hasta Baquedano con los demás, y muchas veces nos ibamos los dos conversando apartados, por lo que empezaron a molestarnos, jaja, cuando recuerdo eso no puedo evitar la risa. No nos importó, y los viernes impusimos nuestra tradición de caminar juntos hacia Baquedano. Un día de tanto conversar llegamos al Santa Lucía ¿lo recuerdas?... Como también recuerdo cuando quisimos que el viento del metro nos levantara los abrigos y corrimos como cabros chicos hasta las rejillas. ¿El bosque oscuro? del que muchas veces nos sorprendimos salir sanos y salvos. Como también cuando vimos a esas minas ahi en un banquito de la plaza, y nos miramos como ¿viste lo mismo que yo cierto? .
Nos veíamos harto, todos los viernes, y cuando no había fundación, nos juntabamos a caminar por el Forestal, recuerdo al argentino "hijo de su madre", los helados, cuando me acompañaste hasta Bandera y miramos ropa, fue interesante. No te olvides que tenemos pendiente una salida el próximo viernes!
Oye! pensándolo bien igual tenemos cosas pendientes, como que me invites a tu casa a comer completos con mayonesa casera, me invitaste también a ver Grey's en dvd, a vivir contigo en tu departamento de soltero.
Yo creo que lo sabes, pero no está demás recordarte, que eres muy especial para mí, eres uno de mis mejores amigos, una personita muy igual a mí, mi homologo, pero a la vez tan diferente, y me haces tan feliz, me haces reir, me haces ponerme bien, me apoyas siempre, y me lees a través del msn, blog, fotolog... y eres un gran hombrecillo, que ahora es adulto, pero a quien yo sigo viendo como ese niño tímido que conocí.
Te quiero mucho Fabian.
Esto va con demasiado cariño para ti, pues no acostumbro a hacer estas cosas, pero tú, te mereces esto y mucho más!
Hartos abrazos!
Feliz cumpleaños!

lunes, 10 de septiembre de 2007

Sensación ambigua en mí...

Hoy tú y yo vamos a jugar un juego bastante movido.
Primero, nos ponemos de acuerdo donde lo jugaremos. Decido un lugar tranquilo y nos juntamos.
Como siempre, llego con unos quince minutos de retraso, pues, confié en que la micro pasaría pronto y no necesitaría más tiempo. El metro se quedó detenido en Santa Ana y como siempre, busco a alguien inquietamente. No encuentro a nadie, momento, una bella estudiante se acerca con una amiga, ambas rien y yo, me siento feliz por eso.
Llego a mi destino, nos saludamos, me disculpo por mi inpuntualidad y caminamos hacia el lugar que yo decidí. Siempre me haces decidir, y nunca sé que decir. Opto por lo más fácil.
Mientras caminamos, conversamos de lo que nos ha pasado ultimamente, estoy nerviosa, por lo que no te miro a los ojos. Me siento como avergonzada. Camino rápido, y te hago acelerar el paso, quiero empezar luego el juego.
Pero si ya lo hemos empezado.
En el juego, tú quieres hacerme pagar por los errores cometidos, por todas esas veces que te maltraté y que quise olvidar lo bueno que tenías. Yo, quiero creer que todo puede ser hermoso, quiero pasar por alto tus intentos de hacerme sentir mal y, quiero derretirte con mis expresiones pueriles.
Quieres hacerme llorar, lo sé, creo que te encanta verme derramando lágrimas, enrojecida de ira y que reaccione con una ira bastante infantil. Yo, quiero pasarlo bien, sentir unas polillitas en el estómago (pues, ya no me provocas mariposas) y quiero terminar mi tarea.
El juego termina cuando uno de los dos, o ambos, rompemos en llanto, nos alejamos y no nos buscamos más, pues hemos entendido lo miserables que somos y, que aún nos queremos, mas, no podemos estar juntos de ninguna manera.
Tú te sientes utilizado y yo me siento maltratada.
Que tonto que fuí
que tarde caí
cómo me mentiste, cómo te creí
Parece que es fácil para ti
hacerle a cualquiera lo mismo que a mí
Me hiciste pensar que me ibas a amar,
que me adorarías y ahora te vas
pedirás hablar,
te disculparás,
llorarás un poco
y te marcharás
Comprendo que tu juego
cubrirte trás un velo
provoca sensación ambigua en mí
Hazme un favor ahora
si no es verdad, no llores
al menos se algo honesta en el final
si estas hablando en serio, prefiero que te apures,
quedemos en no vernos, pero ya,
no puedo soportarlo, al fin me estás dejando
quisiera irme antes de llorar.
[Tu juego - Miranda!]

jueves, 6 de septiembre de 2007

¿Lo harías?

No me siento bien, no sé como describirlo.
Pues bien, quiero llorar de la impaciencia, gritar de la intolerancia, esconderme de aquellas manifestaciones, no soporto los gritos, la espera, el reloj, aquel maldito reloj que está en la pared... el tiempo, claro, tampoco lo soporto, tan poderoso que se ha vuelto.
No puedo seguir viendo tus ojos, pues los mios me matan del dolor.
Rompería cada una de tus respuestas que parecen tener una lógica milenaria.
No soporto el sonido de su voz, no soporto los martillazos contra la puerta, no soporto las ganas de dormir sobre todo aquel ruido.
No soporto el silencio, no soporto aquel hedor, no soporto tus soluciones tan simples, no soporto ese sabor que me sobreviene siempre.
Se pone de pie, y en un movimiento inesperado se esconde debajo del escritorio, usted, no se mueve, no la mira, se queda ahi. Ella llora y grita, sin hacer ruido. Se para, y le da la espalda. Avanza perdida hacia la pared y la abraza, siente el frío, se siente viva, llora y sin mirarlo le dice: "Incluyamos otro objetivo más, estoy desesperada".

sábado, 1 de septiembre de 2007

Yo iba a ser feliz... Se suponía que sería muy feliz.

Quisiera que mientras paso la aspiradora en mi pieza no me cayeran lágrimas nostálgicas.
Me gustaría pasar por ahi sin recordar un momento en el que caminé acompañada.
Me encantaría no necesitar cariñitos en mi cabeza.
Me encantaría no recordar los látidos de tu corazón.
Desearía no sentir constantemente el fantasma de tu mano sobre la mia.
Me duele tanto visualizar aquellos besitos sobre mis pequeñas manos.
Me hace llorar el recuerdo de tus ojos brillando de felicidad mientras nos mirabamos sin decir nada.
Me rompen el alma los "te quiero mucho" en mi oido.
Me quiebra releer los mensajes.
Me hace daño recordar cuando te pregunte si era real.
Me gustaría ver aquella banca en la plaza sin vernos a ti y a mí ahi, entregándonos felicidad.
Me gustaría no volver a sentir nunca más aquel beso inesperado.
Desearía no recordar tan vívidamente aquella tarde del helado, aquella mirada nerviosa y yo ahi haciéndome la tonta.