Se fue mi pedazo del 2010.
Te dije en navidad que tenía miedo de que se acabara el año y luego, sentí esa transición como un día más, te dije también que quería llegar a mi casa, acostarme y despertar al otro día y no saber nada de abrazos ni rituales.
Estaba cansada. Estaba cansada de tanta cosa, sólo quería descansar en tus brazos, frente a tus ojos (color indescriptible aún en un objeto como suelo hacer siempre) y sentir como el aire inflaba tu ser.
En Enero comencé sabiendo que habia quedado en biotek, así que te pedí que me llevaras a conocer la facultad, no quería precisamente eso, y terminé llorando en la 201. Fui a lo de las matrículas y estaba un poco contenta de poder estudiar donde quería una carrera que de a poquito me habia ido llenando la cabeza de ideas bonitas y sonrisas fáciles. Creo recordar que terminé ese mes en una cita a la que acudí por celos, por rabia y en la que terminé volviendo a caminar en el barro.
Febrero llegó con la playa, con las vacaciones en familia, con llamadas desde tu auto y tus viajes. Pasé unos días ricos disfrutando el viento, el agua y el sol. Recuerdo, si, esa tarde en Algarrobo, tal vez necesitaba todo eso que pasó, pero desde adentro, no desde aquellas múltiples sinapsis. Y tú, me llamabas.
Vuelta a Santiago, vuelta a ti. Como olvidar el remezón de la tierra esa noche, en que permanecimos ahi, como las dos niñas que somos. Mantuve la calma mientras pude.
Lentamente se aproximó Marzo, lentamente volvía a salir, pasé días sin luz, casi sin agua pero aqui cobijada en familia; me costó volver a la normalidad, a ordenar todo lo que se había movido, estaba ansiosa de entrar a clases, pero todo era lento... Incluso tú y yo nos íbamos alejando. La U, muchas cosas en la primera semana, estaba burbujeante, quería hablar, así que nos volvimos a juntar, nos necesitabamos para hablar tal vez. Estabamos más desocupados, así que aprovechamos de vernos un poco.
No noté la llegada de Abril, pero si sentía el otoño a mi alrededor, las hojas amarillas, ese frío, mis bufandas, los abrigos, el café. Ahí estuve, con mis primeras malas notas, pero aún estaba ansiosa de toda esa nueva vida, nuevos amigos. Ya iba notando como volvía tarde y a veces ya no llegaba, no me refiero al hogar, me refiero a la vida de antes.
Mayo, mis 19 años y las cosas ya se iban perfilando un poco más. De repente me atacó la "acción social" y emprendí el viaje hacia el voluntariado. Lo pasaba bien en la U, estudiaba harto y también había espacio para las risas. Tú cada vez aparecías menos, pero yo guardaba esperanzas como las hormigas juntan azúcares para el invierno.
En Junio ya estaba tan adentro de mi personaje universitario (y lo pongo así porque no es que sea otra, pero rapidamente me había ido transformando), estaba más irritable y ni notaba como pasaban los días, yo rendía, lloraba, gritaba, disfrutaba los días después de la lluvía y una sonrisa ajena.
Cuando comenzaba Julio, también para mí comenzaban los últimos esfuerzos, y sabía que se definirían muchas cosas. Julio me trajo sorpresas, sería la tía Katty, después de días en incertidumbre, había pasado todos mis ramos y me decidí a conocerte. Vacaciones de invierno, llegaba el correo, yo salía todos los días, estaba tan pero tan contenta de recuperar espacios de mi vida que creía ya perdidos. No pude seguir contigo, ya no daba para más, ya no podía seguir esperando, me costó pero lo dije.
Con la llegada del segundo semestre comprendí que alguien me acompañaría de la mano. Flotaba (aún sigo haciendolo). Me costó retomar el ritmo, para mí Agosto fue mes de compartir contigo nuestros primeros días, de ir descubriendo verdades, manías, formas, y sobre todo una vida de a dos. Y, de conocer a mis niños.
Con los niños también me conocí en otro aspecto y así me pilló Septiembre, más blandita, soñadora e infantil que nunca. Quería primavera, quería jugar, descubrir, correr, reirme, tus cosquillas. Bicentenario, buenos días de ese sentimiento patriotico que me cuesta sacar a flote y días de buena comida y buena cueca. Así que después de todo eso, menos sentía esa responsabilidad universitaria.
Octubre llegó a recordarme que estaba estudiando y ... muchos días de rabia, llanto, de no entender, de tener el cerebro como una sopa revuelta con frenesí y ahínco. Llegaba tardísimo a mi casa para aprovechar un rato del día contigo, ese rato que me devolvía las ganas de estar en ese cuerpo, dormía poco, llegaba tarde a todo y comenzaba a preocuparme mi futuro en aquella institución. Odiaba la carrera, odiaba todo.
¿Dulce Noviembre? No. Lo contrario, Noviembre se vino con las últimas pruebas, últimas oportunidades de salvar ramos, últimos llantos; última semana estresante, y sabía que con eso seríamos libres. Ya no quería comer, andaba asqueada por el ambiente, por la pena, la preocupación. La música me trajo ánimos, eso de sentir ganas de bailar en cualquier parte.
Diciembre, mi primer éxamen, que pasé. Fueron dos semanas de estar preocupada de los ramos mios y de mis cercanos, de no querer quedarme rezagada, de hacer todo lo posible. Y mientras disfrutaba algunos triunfos, tuve que compartir algunas derrotas. Se me escaparon algunas palabras del corazón. Despedidas a la vida universitaria, ahora tenía tiempo. También me despedí de mis mocositos exquisitos, experiencia que nunca olvidaré. Muchas reflexiones, y por fin, después de todo podía compartir con la gente que amo.
Fue un año bien cargado, y no hubiese podido vivirlo sin mis incondicionales: Mamá, Papá, Col, Tommy, Cristian, Ratoncito, Nana, Fran, Nico, Jorge M., Ernest, Gerardo, Erick, One-o, Nashin, Pancho, Doberti, Mario, Ximeniwi, Pamelí, Pola, Cary, Nastenka, Romi, Darien, Jorge A., Celia, Miguel, Andrea, Memo, Fabian. Gracias a cada uno de Uds. por la compañía, las palabras, la paciencia, la espera, las conversaciones de repente, y por permitirme mantenerlos en mi corazón ... y obviamente tú, René, me sostuviste todo este tiempo, con fuerza de no sé dónde para que no me dejara caer , me quitaste todas las mochilas pesadas que llevaba y le dijiste a los fantasmas que se fueran; gracias por permitirme entrar en tu vida y tu querer entrar en la mia.
Hoy, cuatro de enero, me sorprendo con esta frase: "no me voy a caer más por voluntad propia..."
Pretendo hacer las cosas bien este año. Y acabo de descubrir que esta carrera, es una lucha contra mí, lucha que voy a ganar, como me lo he propuesto sin mucha convicción antes, pero ahora es una promesa.
martes, 4 de enero de 2011
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