lunes, 24 de septiembre de 2007

Déjame ser. No quiero estar.

Ella era una pequeña niña con muchas obligaciones. Tenía muchas responsabilidades y muchas expectativas que cumplir.
Tenía una pequeña nariz, que se juntaba con otras narices. Aquellas otras narices eran parte de su mundo encogido. Si se las cuenta, las narices con las que le agradaba estar eran pocas, pero afortunadamente, las grandes narices con las que le disgutaba estar eran menos.
Un día su nariz, despertó, tomo el aire y se dió cuenta que todo lo que vivía era una linda mentira que encaja perfectamente con la realidad.
Aquellos encuentros con las grandes narices de su encogido mundo eran falsos. Ella no podía aceptarlo. Debía tener una explicación. Nesitaba una explicación lógica y racional para aportarle realidad.
No, no. De un día para otro las cosas no pueden cambiar de manera tan radical, tan extrema. Debía ser un mal sueño.
Estaba sola en el gran mundo, la gigante y verdadera realidad. Aquella niña condujo a su nariz a través del espacio, anhelando una explicación. No estaba sola, ella se sentía sola pues todas las demás narices olvidaban darle algún sentido a su existencia, dejaban pasar los hechos sin más, sin encontrarle aquel dulce significado, aquel emotivo sentido. Todas, pasaban, no trascendian y se preocupaban por banalidades dañiñas, respiraban diariamente odio y exhalaban violencia. Sí, el aire estaba negro, contaminado en aquel espacio.
La pequeñita nariz quiso hacer una división, quiso poner dentro de su mundo encogido a todas ls narices que le agradaban, pero se entristeció, pues aquellas narices tampoco buscaban el sentido. Comprendió que en esa búsqueda estaría abandonada y que si no se fabricaba una burbuja impermeable, terminaría igual de oscura que las demás personas.
Ella quería iluminar, pero primero, debía encender su luz.

Aunque me cueste creerlo, eres parte de mi pequeño y encogido mundo. Del mundo que día a día participo, de la realidad que me acoge. Estoy aquí, en un espacio de fingido bienestar. Y soy racional, detallista y estoy ávida de conocimientos. Y sabes, quiero saberlo todo, inclusive lo que pasa por tu mente. Quizas no me corresponde, quizas eso puede ser violar tu privacidad, invadir tu propio mundo. Puede ser así, o también, puede ser correcto. Lo único que sé, es que aunque no te agrade, aunque no lo entiendas, necesito una explicación.
Sí, no te imaginas cuanto me gustaría ser una gran nariz, imponente, una nariz fuerte, me gustaría amarme más como tú dices.
Me gustaría aceptar y convivir con mis defectos, tanto como me gustaría que tú también convivieras con ellos.
Me gustaría que me apoyaras y me comprendieras, y que a veces, con el dolor de tu alma me dejaras caer.
Sé que soy una niñita tonta, a quién le gusta tropezar muchas veces con la misma piedra y quedarse ahí mirando la herida, y dejar que aquella piedra me eche a perder el día. Sé que soy así.
Sé que inevitablemente me guardo las rabias y no respondo, no me defiendo, me dejo pasar a llevar.
Sé que me dejo dañar, sé que dejo que me hagan mierda.
Sabes que lo sé, y creo que me conoces bien. Dejame ser, dejame estar.
Dejame poner las caras que quiera, dejame llorar, dejame caer, dejame flotar y creer que todo es hermoso.
Dejame vivir mi vida y cuando sea necesario di lo que tengas que decir, pero dilo una sola vez, que con eso basta a mi entendimiento, quizas no lo comprenda, pues para comprenderlo tengo que darle sentido en mi vida.
Creo que sé llevar mi vida, mis sentimientos, y creo que aunque pienses que soy tonta a más no poder, soy feliz con esa estupidez que me envuelve.

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