Nunca había nevado.
Esa tarde Matías había llegado temprano del colegio y te había encontrado sollozando en la cocina,
-¿Mamá por qué lloras?
Sonreiste, le acariciaste la cabeza y le respondiste que no era nada, que sólo estabas cortando cebolla y eso te irritaba los ojos. Matías no te creyó nada, pero sabía respetar tu hermetismo y se fue a su habitación.
Matías sabía lo que pasaba. Hace unas semanas sus padres no se hablaban como antes, no se gritaban, no discutian, sin embargo había un dejo de rencor en sus palabras y ese brillo que había en sus ojos cuando cruzaban sus miradas, se habia extinguido. Ninguno de ellos tenía la culpa, pero se culpaban mutuamente en secreto.
Después de mucho tiempo juntos, después de tantos momentos que parecian la consagración de la unión más perfecta, habían decidido que no podian seguir así. No supieron cuando empezó, pero hace mucho tiempo los silencios se apropiaban de las instancias para compartir, no se pedian la opinión, no comentaban el día a día y él se iba a la cama dos horas más tarde que ella para encontrarla dormida; pero ella no dormía, lloraba y trataba de buscarle una explicación a lo que estaba sucediendo...
-No lo sé, simplemente no quiero contarle nada, es como si no confiara en él, sé que es una locura después de tantos años, tantas cosas juntos, pero creo que hemos perdido lo que nos unía.
Él trataba de llegar más tarde a casa para no encontrarse con esos ojos que tanto había amado hace unos meses...
-Si hay algo que realmente me pone de malhumor es no encontrar una explicación a lo que sucede. Fue como si de un día para otro ella y yo hubiesemos cambiado, hubiesemos perdido todo encanto a ojos del otro. No lo puedo entender!
Ese día, él también había llegado temprano y ella se había quedado en casa pues quiso tomarse el día para disfrutar pequeños placeres. Ella se sorprendió cuando escuchó a alguien entrando, sabía que no era Matías porque se había ido a su habitación, salió silenciosamente rumbo a la puerta y lo encontró. Él no escuchó sus pasos y antes de que, tuvieran tiempo de bajar la mirada o huir, estaban frente a frente, paralizados y mirándose fijamente. Hacía cuatro meses que miraban sin ver. Ella quiso decirle muchas cosas, él también, pero el éxtasis que produjo en ambos el reencuentro, fue mucho mejor que cualquier sonido emitido desde sus bocas. Ella lloró de emoción, sentía que volvía a encontrar a ese estudiante del que se enamoró hacía muchos años; él gritó eufórico, era como si siempre hubiese estado ahi la respuesta, ella era la respuesta, era como si se hubiese quedado dormido y al despertar encontró esa pieza hermosa que provenía de un sueño.
Matías llegó corriendo y fue testigo de aquello que tanto deseó, papá y mamá comunicándose. Miró hacia la calle y vió como caían débiles copos blancos, sus padres se abrazaban junto a él en la ventana y mamá decía que era todo como una segunda oportunidad, porque el día que se conocieron en aquel pueblito austral, nevaba.
Esa tarde Matías había llegado temprano del colegio y te había encontrado sollozando en la cocina,
-¿Mamá por qué lloras?
Sonreiste, le acariciaste la cabeza y le respondiste que no era nada, que sólo estabas cortando cebolla y eso te irritaba los ojos. Matías no te creyó nada, pero sabía respetar tu hermetismo y se fue a su habitación.
Matías sabía lo que pasaba. Hace unas semanas sus padres no se hablaban como antes, no se gritaban, no discutian, sin embargo había un dejo de rencor en sus palabras y ese brillo que había en sus ojos cuando cruzaban sus miradas, se habia extinguido. Ninguno de ellos tenía la culpa, pero se culpaban mutuamente en secreto.
Después de mucho tiempo juntos, después de tantos momentos que parecian la consagración de la unión más perfecta, habían decidido que no podian seguir así. No supieron cuando empezó, pero hace mucho tiempo los silencios se apropiaban de las instancias para compartir, no se pedian la opinión, no comentaban el día a día y él se iba a la cama dos horas más tarde que ella para encontrarla dormida; pero ella no dormía, lloraba y trataba de buscarle una explicación a lo que estaba sucediendo...
-No lo sé, simplemente no quiero contarle nada, es como si no confiara en él, sé que es una locura después de tantos años, tantas cosas juntos, pero creo que hemos perdido lo que nos unía.
Él trataba de llegar más tarde a casa para no encontrarse con esos ojos que tanto había amado hace unos meses...
-Si hay algo que realmente me pone de malhumor es no encontrar una explicación a lo que sucede. Fue como si de un día para otro ella y yo hubiesemos cambiado, hubiesemos perdido todo encanto a ojos del otro. No lo puedo entender!
Ese día, él también había llegado temprano y ella se había quedado en casa pues quiso tomarse el día para disfrutar pequeños placeres. Ella se sorprendió cuando escuchó a alguien entrando, sabía que no era Matías porque se había ido a su habitación, salió silenciosamente rumbo a la puerta y lo encontró. Él no escuchó sus pasos y antes de que, tuvieran tiempo de bajar la mirada o huir, estaban frente a frente, paralizados y mirándose fijamente. Hacía cuatro meses que miraban sin ver. Ella quiso decirle muchas cosas, él también, pero el éxtasis que produjo en ambos el reencuentro, fue mucho mejor que cualquier sonido emitido desde sus bocas. Ella lloró de emoción, sentía que volvía a encontrar a ese estudiante del que se enamoró hacía muchos años; él gritó eufórico, era como si siempre hubiese estado ahi la respuesta, ella era la respuesta, era como si se hubiese quedado dormido y al despertar encontró esa pieza hermosa que provenía de un sueño.
Matías llegó corriendo y fue testigo de aquello que tanto deseó, papá y mamá comunicándose. Miró hacia la calle y vió como caían débiles copos blancos, sus padres se abrazaban junto a él en la ventana y mamá decía que era todo como una segunda oportunidad, porque el día que se conocieron en aquel pueblito austral, nevaba.

