martes, 21 de septiembre de 2010

Grisazul.

Mientras voy en la 425 sola con el chofer puedo sentir que faltan cosas, cosas idiotas como que baje la pirámide en auto para pasar a buscarme, o que me lleve de vacaciones un weekend a la playa, o que pueda estar de inmediato donde yo quiero que esté, que sea más grande y ancho para que le dé miedo a los que me pasen a llevar; o algo tan elemental como que tome café.
Pero llego a Francisco y está ahi de azul esperándome como siempre me espera, quince, veinte, treinta y hasta dos horas... y se me olvidan todas las cosas idiotas que pude sentir que faltaban cuando estaba sola en la 425 con el chofer.
Porque me espera, y me va a dejar a la micro, porque va donde yo quiero ir, porque camina conmigo y a mi lado, porque aunque no le guste escucha mi música, porque se rie por todo, porque come algodón de azúcar conmigo, porque me compra delfines de gomita, porque se pone en el lugar de todos, porque cuando está conmigo sigue siendo él... y sobre todo, porque baila en público cueca conmigo.
Por razones idiotas e importantes.

Por ti.

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