Anoche vino a visitarme la Culpa; la Culpa mide un metro cincuenta centímetros apróximadamente, es de tez blanca (diría alba, porque es muy pálida) usa anteojos cuadrados grandes (demasiado grandes) y se acababa de lavar el cabello porque llevaba una toalla enrollada en su cabeza.
Desperté luego de un sueño confuso, en el que alguien que ya no quiero ver me llevaba a recorrer un extraño lugar montañoso, por el que corría agua constantemente, había que subir muchos escalones y era díficil caminar con tanta agua corriendo, pero supongo que esa era la idea de ese sueño. Confieso no haber cometido ningún acto que pudiese acarrearme una temprana o tardía culpabilidad, evité todo tipo de acercamiento inmoral entre mi interlocutor y mi personaje en el sueño.
Pero cuando desperté, ella estaba ahí, parada en la puerta, me miraba, creo que hasta sonreía burlonamente, estuvo así unos segundos que me se hicieron una terrible eternidad y luego desapareció por el umbral de la puerta y yo, con mi taquicardia simpática de ocasión, me quedé pensando por qué estaba ahí, no le encontré respuesta más que relacionar la visita con aquel sueño del que me sacó, volví a quedarme dormida, y no recuerdo si volví al mismo lugar donde me encontraba, pero al menos, no volví a verle a él ni a la Culpa.
viernes, 28 de agosto de 2009
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