Se despertó violentamente, de golpe olvidó los sueños que tuvo y la información necesaria para sobrevivir al mundo apareció: es martes, en la mañana hará frío, en la tarde calor; anoche escogiste la ropa que te pondrías hoy, guardaste en tu bolso todo lo que necesitarías, anoche discutiste con él, pero antes de irte a dormir lo llamaste para pedirle disculpas por tu cambiante ánimo y él también se disculpó por su reacción indiferente; hay suficiente dinero para el día, en los bolsillos; hoy no cambia el plan, y en un momento más te levantarás, tomarás tus cosas, desayunaras y saldras apurado, conectarás los audifonos y te molestaras porque hace más de un mes escuchas las mismas canciones; la entrada para ver a Madonna está en el velador bajo llave y llevas la llave junto a tu cuerpo, todo está en su lugar y debes cerrar bien la puerta de la calle, la tiras hacia tu cuerpo, introduces la llave y giras dos veces en sentido antihorario. Caminas las tres cuadras, por la vereda, hacia el norte, sin apegarte mucho a la reja de la casa azul marino porque el perro no es muy amigable. Cruzas la calle y lo esperas, él te recoje todas las mañanas, porque dice que compartir el auto ayuda al medioambiente, tú que crees lo mismo, sonries, pero en el fondo lo que más te agrada es viajar esos cuarenta y cinco minutos habituales junto a él, escuchando grupos indie y comentando nimiedades. Cuando comienzas a ver las paredes de color celeste cielo, tu corazón se acelera, porque las despedida es complicada para ti, mas para él no. Un cálido apreton de manos, "Que te vaya bien" dice con una sonrisa exquisita en sus labios y tú le devuelves la sonrisa como puedes, pues tiemblas nerviosamente. Volteas, se desdibuja la sonrisa y te dices "Mañana mismo le digo que ya no necesito que me lleve más al trabajo" pues sabes que tiene a alguien que le quita el sueño, y que díficilmente tú podrías ocupar su lugar. Postergas la decisión, y la mañana siguiente te encuentras de nuevo en el auto verde brillante, escuchando indie nerviosamente y con ganas imperiosas de tomar su mano cuando pasa el cambio.
Aún no abres bien los ojos, y sigues escuchando el despertador, pero ya sabes como será el día, por ese golpe tóxico de información que llega apenas separas los párpados.
Aún no abres bien los ojos, y sigues escuchando el despertador, pero ya sabes como será el día, por ese golpe tóxico de información que llega apenas separas los párpados.
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