Catalina no era un persona estacionaria, pero si algo extravagante. Necesitaba constantemente de "signos" que le hicieran dar vuelta la página.
Descansaba en mi mente, dormía y despertó furiosa cuando le comenté que no podía olvidar. Me llevó a ver un hermoso río, en el cual derramé mis lágrimas. Me aconsejó tomar un baño, pero sólo sirvió para ahogar gritos secretos.
Un día me hizo soñar que perdonaba, y desperté feliz. Catalina había notado que muchas veces fingir en la mente una situación puede resultar de ayuda, de simulacro, para verdaderamente afrontar lo que viene. Catalina me dijo que un día cualquiera me acompañaría a dar y recibir el perdon que tanto queriamos las dos. Yo para seguir caminando, y ella para seguir bailando.
0 comentarios:
Publicar un comentario