martes, 12 de febrero de 2008

Tal como debe suceder.

Se miraba constantemente las uñas, totalmente limpias, concluía.
Las tres de la tarde y aún no aparecía Javiera.
Nerviosa se mordía el labio y miraba alrededor, pero ninguna persona caminaba hacia ella.
Tranquila, se decía a sí misma, Javiera siempre es impuntual.

La muerte de Sebastian le había hecho perder el autocontrol del que antes se enorgullecía. Todo fue muy rápido, aquel auto, aquella herida mortal, Sebastian desangrándose en sus brazos, las últimas palabras y la última mirada de sus hermosos ojos grises.
Creía que nunca se iría ese dolor, que nunca podría volver a sonreir. Pero apareció Javiera en su vida como una estrella fugaz que viene para quedarse. Javiera a través de palabras que parecian venir de ángeles le demostró que todo es muy lindo cuando así se quiere ver. Ella había vuelto a sonreir, pero aún quedaba ese nerviosismo, ese temor, aquella desconfianza. Javiera aún luchaba contra ello...

1 comentarios:

maderisticabro dijo...

la muerte de Sebastián es una puerta para que el autocontrol no dependa más que de la niñita esa. Así lo veo yo.

Además Javiera es tan dulce :), hay que darle una mano.