A las diez de la mañana te llamé para decirte que me gustas mucho.
Las diez de la mañana es una hora decente para levantarse.
Luego de haber soñado con ella, lo más que querrías es despertar temprano.
Pero no fue un mal sueño, fue un sueño que despertó tu curiosidad y te recordó esa frase que compartiste ayer con tu pequeña hermana: "las personas miserables también merecen pasarlo bien en navidad, merecen tener un momento feliz"
Tenías el celular apagado. Volvería a llamar a las doce.
Fue raro pues tú también considerabas que las diez era la hora perfecta para levantarse.
Claro, no había considerado que fuiste por un trago a la casa de tu otra hermana.
No acostumbras a beber, pero un buen licor con unos hielos, merece que lo consideres.
Despertaste como a las doce, y a la una recordaste que tenías que encender el telefono.
Tenías tres llamadas perdidas de mi celular y antes de vestirte me enviaste un tierno mensaje preguntándome si me encontraba bien, si necesitaba algo, si habia pasado algo malo y si era así que te devolviera la llamada.
Entre una llamada y otra, estaba nervioso y subía a cada rato a la habitación de mi mamá.
Me miraba largo rato en el espejo, practicaba expresiones, miraba con detalle cada uno de mis rasgos y me preguntaba si realmente así como era yo, te gustaría.
Fue díficil mirarme, mi mente me ilusionaba, me devolvía tu imagen. La imagen de esa vez que te ví, que estabas feliz, y me sonreías; de esa vez en que supe que me gustabas mucho y que quería esa sonrisa todos los días conmigo, por la eternidad.
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Las diez de la mañana es una hora decente para levantarse.
Luego de haber soñado con ella, lo más que querrías es despertar temprano.
Pero no fue un mal sueño, fue un sueño que despertó tu curiosidad y te recordó esa frase que compartiste ayer con tu pequeña hermana: "las personas miserables también merecen pasarlo bien en navidad, merecen tener un momento feliz"
Tenías el celular apagado. Volvería a llamar a las doce.
Fue raro pues tú también considerabas que las diez era la hora perfecta para levantarse.
Claro, no había considerado que fuiste por un trago a la casa de tu otra hermana.
No acostumbras a beber, pero un buen licor con unos hielos, merece que lo consideres.
Despertaste como a las doce, y a la una recordaste que tenías que encender el telefono.
Tenías tres llamadas perdidas de mi celular y antes de vestirte me enviaste un tierno mensaje preguntándome si me encontraba bien, si necesitaba algo, si habia pasado algo malo y si era así que te devolviera la llamada.
Entre una llamada y otra, estaba nervioso y subía a cada rato a la habitación de mi mamá.
Me miraba largo rato en el espejo, practicaba expresiones, miraba con detalle cada uno de mis rasgos y me preguntaba si realmente así como era yo, te gustaría.
Fue díficil mirarme, mi mente me ilusionaba, me devolvía tu imagen. La imagen de esa vez que te ví, que estabas feliz, y me sonreías; de esa vez en que supe que me gustabas mucho y que quería esa sonrisa todos los días conmigo, por la eternidad.
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