Ella tomó de las manos a la Andrea y dieron vueltas en aquel pequeño patio del pre-kinder hasta quedar mareadas. La miraba como si fuera lo más especial en su vida, y en cierto modo lo era, su única amiga a esa corta edad. Ellas sabían que tenían que separarse, la Andrea seguiría ahí, pero ella se iba. Se iba y para siempre. La Andrea parecía no saberlo, pero ella lo tenía claro a pesar de que a aquella edad todo es sueño e ilusiones.
Ella tenía miedo, que haría sola en el mundo, pues era incomprendida y todos se burlaban de ella. Obviamente la Andrea no lo podía impedir, pero hacía más agradable todo.
Comprendió tempranamente que no podia aferrarse a nadie, y tal como dijo su madre, no podía encariñarse con algo que no le pertenecía, tampoco podía encariñarse con alguien quien no pertenecería a su tiempo ni su espacio.
Y por eso, ella nunca ha querido asumir que algunos amigos pueden ser eternos, lo sabe ciertamente, pero no le satisface.
A ella le parece natural terminar con todo.
A ella no le gusta terminar, no le gusta cambiar los esquemas y olvidar.
Ella sería capaz de hacer todo lo posible por volver a tu lado, siempre y cuando tú des el primer paso.
Esto es por ti Ximena, sé que no lo leeras, ni siquiera conoceras su existencia. Todo esto me entristece demasiado, pero aún así, espero que tú des el primer paso. Espero que podamos volver a ser amigas, y de esas amigas eternas que no se terminan con el final de un ciclo en el colegio.Te quiero.
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