Eres el mejor personaje de mi vida, todas tus historias reales más las que te invento.
Tan distinto a mí, a mi realidad, a mi generación.
Nunca te eché de menos y la verdad me enojaba mucho que no supieras mi nombre. Me enojaban tus mañas, me desesperaba tu sordera y no soportaba tus ronquidos.
Y por lo mismo no sé por qué hoy te echo de menos, ¿por qué me sales cada vez que quiero escribir algo?
¿Será acaso porque tengo tu cajita de botones en mi escritorio? O tal vez por todas esas preguntas que me gustaría hacerte ahora, porque no disfruté de todas tus anécdotas, porque te conocí muy tarde.
O porque tengo tu sangre, tu apellido y porque fuiste mi único abuelo, ese personaje tan particular.
Lalo, hoy me viene la pena a visitar, esa que no había sentido antes. Hoy me gustaría haber sido más tu nieta, y que tú siguieras siendo mi abuelo interestelar.
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