sábado, 28 de julio de 2012

Ego, oniriego.

Dreams, dreams... Culpabilidad onírica, me ví y dudé... Pero en esa bruma que todo lo confunde e incita a jugar ya no pesaban las consecuencias, era yo y mi potencial de "vivir". Así que avancé hacia esas sensaciones, hacia esos arrepentimientos y llegué hasta los "y si esto hubiese pasado". Por un ínfimo momento, me sentí libre e hice lo que siempre quise hacer sin herir a alguien, porque ya no existía ese alguien tan presente en lo cotidiano cuando quiero decidir... Era yo y mis oportunidades.
De pronto, la bruma fue más espesa hasta que un fuerte viento interrumpió mis pasos de libertad, tomé conciencia de que había una realidad que estaba siendo violentada y las oportunidades se desvanecieron al mismo tiempo en que comencé a darme vueltas y sentir el calor del sol en mi cara. Desperté. Estaba nerviosa, no sabía si seguía siendo inocente de cualquier acto del que se me pudiera acusar, aunque, confieso, seguía catando el último sazón con cierta culpabilidad temprana y éxtasis. Me dí vuelta y fijé los ojos en el viernes que se me avecinaba nublado; el frío, de golpe, me reveló que podía descansar tranquila, yo no tenía la culpa.

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