Una habitación blanca, con mucho espacio y un armario vacío, pequeño, pero ideal.
Sin mentiras, sin interpretaciones, sin errores y sin prejuicios.
Sin "ellas", ni "aquellas". Ellos tampoco.
Con historias reales, sin cuentos.
Sin dudas, sólo certezas.
Y libertades, no prohibiciones.
Olvido selectivo, tal vez incidental.
Pero la habitación es verde turquesa, el armario está lleno, y todo parece ser ideal.
Las ventanas son muy delgadas, las cortinas muy transparentes.
El corazón late y se deja escuchar con fuerza, pero ¿te has dado cuenta de su fragilidad?
No sé si puedes notar como nos deshacemos en latidos.
Hay cierto potencial en esto, pero ¿potencial de qué?...
¿Cuál es nuestro estado más estable? ¿Será cierto que esto nos entrega más estabilidad?
Estabilidad emocional, estabilidad física y molecular (nótese que nada referido es tan ñoñamente científico como parece... sólo abusar de metáforas)
Cuando construyes algo siempre está la posibilidad de un derrumbe, posibilidad que no existe si no construyes.
Pero nos gusta construir. Y mientrás más grande, pomposo y sólido, mejor.
Si no tuviese este lugar al que puedo llamar hogar (emocional) sé que hace mucho ya me hubiese ido, pues soy escapista.
Y, por último, ¿por qué no cuestionar lo fundamental?
¿Por qué no sorprenderse con hasta el punto más básico?
¿Por qué aceptar?
Ejercicio de personalidad terrestre.
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