Me acompañas hasta el paradero, pero después de eso decido hacer el recorrido contigo en la otra dirección, es tarde y hace frío. Llegamos y nos quedamos un rato mientras esperas que arregle el cierre de la mochila y busque los dulces. Caminamos al torniquete y te cuento tonteras y detalles del weekend, sonries, pasa el metro rojo y no se detiene, yo hago pucheros y sigo su recorrido con la mirada. Te hablo, hasta que pasa un metro por en frente y callo hasta que puedas volver a escuchar. Subimos a uno con verde, y me dices que nos vamos al último, nos sentamos y aprovechamos bien el viaje. Combinamos, y seguimos la flecha, como siempre quiero ir a la dirección contraria. Nos encontramos con las frutas, y te cuento que comí fruta en el almuerzo; pero olvidé que antes de llegar a las frutas bailamos (nos dimos unas vueltas mientras seguíamos la flecha y te dije que podríamos bailar tango, hicimos el intento, pero no) la gente nos mira y reimos, ahora si que no importa nada.
Y esta vez viene más lleno el metro, y me apoyo en ti para no caerme, y miro miro miro, sólo como puedo mirarte. Ries, rio, reimos. Me dices que nos bajemos y volvamos a subir, bien, y a la siguiente bajamos, caminamos hasta el extremo y dejo pasar un metro, no sé por qué, tal vez alguien a quien no quería ver iba ahi. Llegamos sin notarlo a mi destino, y la despedida ... (demasiado largo para contar).
Somos pasajeros, pero lo bueno es que vamos hacia el mismo lado.
martes, 31 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario