Ya no me importa que digas que me amas, ya no importa.
Ya no importa que te rias de que todos los días salgo despeinada de la casa.
Ya no importa que creas que soy única e irrepetible en el mundo, ya no importa porque a pesar de que me amas no soy el amor de tu vida y lo sé bien.
Yo no te amo, pero me había propuesto llegar a hacerlo, pero la verdad es que eso no es algo que puedas proponerte.
Los pollos no van toda la vida tras la gallina.
Hay un momento en que te detienes a golpear la pared y te dices que esto ya no puede seguir así, que la vida no puede llevarte por ese camino de la perdición así como así, porque sin hacer nada para desviarte seguiste, sabiendo que estaba mal. Pero ya no, ya no hay nada más que me parezca gracioso en este ruin camino.
Hace rato que cambié de canal, hace rato que dejamos de vernos con esos ojos brillantes.
Lo que quiere salir, que salga, para eso existe el blog.
Y si, es verdad, siempre he tenido miedos y el miedo más grande que tengo es convertirme en lo que se supone estoy predestinada genéticamente a ser: mi padre en versión femenina. Siempre he temido perder la identidad, perder eso que me hace única y convertirme en una copia de otro personaje de la vida.
(Las cosas absurdas que se vienen a mis dedos de repente, omítase lo anterior)
Lo mio es mio, lo tuyo es tuyo. Así, cada uno con sus cosas en su lugar, juntos pero no revueltos.
Cada día arrastro menos la bolsita del pan integral.
Pero cada día siento que involuciono en algunos aspectos que la gente más "closer" conoce.
Aún me queda tiempo para disfrutar las heridas, la sangre, las costras y las cicatrices.
Nadie, ni yo, me he pedido ser alguien más ahora.
(Eso es lo mejor, que nadie, absolutamente nadie sabe que es mio, que es del resto y que es del aire comprimido en mi cerebro)
martes, 12 de enero de 2010
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